El riesgo de que el conflicto se extienda La preocupación actual no se limita a Etiopía y Eritrea, ya que el Cuerno de África acumula varios conflictos simultáneos. Al oeste de Tigray se encuentra Sudán, un país sumido desde hace más de tres años en una cruenta guerra civil, mientras que al norte se sitúa el territorio eritreo. Un poco más lejos aparece Egipto, actor que mantiene una relación especialmente sensible con Adís Abeba debido a la disputa histórica en torno a la Gran Presa del Renacimiento Etíope y al consiguiente reparto de las aguas estratégicas del río Nilo. Adís Abeba ha acusado a Sudán y Egipto de respaldar a la oposición armada, algo que ambos países niegan. La existencia de varios actores regionales con intereses diferentes aumenta la posibilidad de que un conflicto inicialmente localizado termine conectado con otras disputas. Estados Unidos ya ha advertido de las consecuencias. Washington ha pedido a Etiopía y Eritrea moderación y ha señalado que una nueva guerra entre ambos países pondría en riesgo su cooperación con los dos Gobiernos. La Unión Africana también ha llamado a evitar acciones o declaraciones capaces de deteriorar todavía más la estabilidad regional. Existe además un elemento que hace especialmente sensible la situación: el mar Rojo. Eritrea dispone de aproximadamente 1.000 kilómetros de costa, ocupando una posición sumamente estratégica junto a una de las principales rutas marítimas del planeta. En consecuencia, en un momento en el que la navegación por el mar Rojo y el estrecho de Bab el Mandeb ya se encuentra sometida a fuertes tensiones internacionales, el estallido de cualquier guerra entre Etiopía y Eritrea tendría consecuencias críticas que podrían superar ampliamente el ámbito local. La posición geográfica de Eritrea ha adquirido todavía más importancia durante la actual crisis de Oriente Próximo. Reuters ha señalado que Asmara está intentando recuperar relevancia internacional precisamente aprovechando su posición estratégica en el mar Rojo. El antecedente más preocupante de esta crisis es la guerra fronteriza entre Etiopía y Eritrea de 1998-2000, un conflicto que se cobró decenas de miles de vidas y que, aunque se cerró formalmente mediante un acuerdo de paz, requirió casi dos décadas para alcanzar una normalización definitiva. Si bien la reconciliación escenificada en 2018 demostró la capacidad de ambos países para reconstruir sus relaciones, la ruptura actual evidencia, por el contrario, que aquella arquitectura diplomática era mucho más frágil de lo que parecía a simple vista. La pregunta fundamental ahora no es solamente si hay tropas eritreas en Tigray, sino qué misión estarían cumpliendo si finalmente se confirma su presencia.

Eritrean Troop Movements in Tigray Raise Fears of Wider Ethiopia-Eritrea Conflict Northern Ethiopia is once again edging toward a scenario many had hoped was firmly in the past. Reports of Eritrean troops in Tigray, particularly in Adigrat and along the corridor leading south, have introduced a potentially decisive element into a war that until now has largely been portrayed as ...